Krasiński trabajó la mayor parte de su carrera en colaboración con Maciej Gintowt, dentro del sistema estatal de proyectos que organizaba la arquitectura polaca del socialismo más que en un ejercicio privado independiente; juntos construyeron el pabellón Olivia de Gdansk y, con un tercer colaborador, la sala Podpromie de Rzeszów. Su proyecto ganador para un pabellón en Katowice, desarrollado junto con el ingeniero de estructuras Wacław Zalewski entre 1959 y 1971, dispuso un cono de hormigón invertido bajo una cubierta en forma de platillo suspendida de 120 cables de acero radiales, una forma elegida tanto para resistir la subsidencia minera como por su aspecto singular. La práctica de Krasiński se enmarcó en el modelo colectivo y asalariado por el Estado propio de la época, en el que un pequeño equipo de proyecto podía llevar a término un encargo emblemático sin que ninguno de los socios trabajara nunca de forma independiente bajo su propio nombre.