Sigurd Lewerentz se formó primero como ingeniero mecánico en Chalmers, después se instruyó en Alemania y estudió con Westman, Östberg y Tengbom. En 1915 ganó junto a Gunnar Asplund el concurso del Cementerio del Bosque de Estocolmo, un paisaje de pinos y hierba que sigue siendo una de las grandes obras del siglo; allí construyó la Capilla de la Resurrección y trazó el Camino de la Cruz. Se distanció de la profesión tras la Exposición de Estocolmo de 1930 y pasó buena parte de las dos décadas siguientes al frente de una fábrica que producía sus propias ventanas y herrajes de acero patentados. Dos iglesias del final de su vida —San Marcos en Björkhagen y San Pedro en Klippan— reabrieron su carrera y lo convirtieron en figura de culto: ladrillo colocado sin cortar, vidrio sujeto por fuera del muro, nada explicado.