Alvar Aalto salió del clasicismo nórdico de los años veinte, se convirtió al funcionalismo con el edificio del Turun Sanomat, la biblioteca de Víborg y el sanatorio de Paimio, y dedicó luego cuarenta años a desmontar desde dentro la severidad del movimiento. Desde finales de los treinta su obra se curva: celosías onduladas de madera, plantas en abanico, ladrillo dejado áspero, luz conducida por lucernarios en vez de empujada a través de muros de vidrio. Trabajó en sociedad con Aino Marsio-Aalto desde 1924 hasta la muerte de esta en 1949, y con Elissa Mäkiniemi desde 1952. El mueble, el vidrio y la luminaria formaban parte del mismo oficio: el taburete de contrachapado curvado y el jarrón Savoy son tan conocidos como los edificios. Recibió la Medalla de Oro del RIBA en 1957 y la del AIA en 1963; trece de sus obras fueron inscritas conjuntamente como Patrimonio Mundial en 2026.