Wright dejó el estudio de Louis Sullivan en 1893 y pasó los quince años siguientes desarmando la casa victoriana: la planta de la pradera separó las estancias a partir de un hogar central, bajó los techos, corrió las ventanas en fajas y dejó flotar la cubierta. Llamó al resultado arquitectura orgánica, entendiendo que planta, estructura, lugar y ornamento debían generarse juntos desde una sola idea en lugar de ensamblarse por piezas. Unos setenta años de carrera dieron el Unity Temple, uno de los primeros edificios estadounidenses fundidos íntegramente en hormigón visto; el Hotel Imperial de Tokio; la Casa de la Cascada, en voladizo sobre el salto de agua; el edificio administrativo Johnson Wax con sus columnas-hongo; unas sesenta casas usonianas de bajo coste; y por último el Guggenheim, una única rampa ascendente. Ocho de sus obras fueron inscritas juntas como Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2019.