Arquitecto, cosmógrafo e ingeniero portugués activo en el Virreinato del Perú, Vasconcelos es recordado sobre todo por un encargo. Tras el terremoto del 4 de febrero de 1655, que derribó el convento franciscano de Lima, el comisario general Francisco de Borja lo contrató para trazar los planos del nuevo templo; dirigió la obra el alarife limeño Manuel de Escobar. La primera piedra se colocó el 8 de mayo de 1657 y la iglesia se inauguró el 3 de octubre de 1672, cuatro años después de morir su autor. Su respuesta a la sismicidad limeña fue mantener baja la fábrica y cubrir el templo con bóvedas de quincha —caña y yeso sobre armazón de madera—, solución que permitió resistir los terremotos de 1687 y 1746 que arruinaron bóvedas de piedra en el resto de la ciudad. Wikidata sitúa su muerte en 1668; algunas fuentes peruanas dan 1680.