Nacido en Praga en una familia de canteros italianos, Santini-Aichel fue cojo de nacimiento y se dedicó al dibujo antes que al cincel. Un viaje por Austria hasta Roma a finales de la década de 1690 lo puso frente a Borromini, y desde 1703 dirigió en Praga un estudio que trabajó casi en exclusiva para las abadías cistercienses y benedictinas de Bohemia y Moravia. Lo que construyó para ellas no tiene equivalente. Trazó plantas en forma de estrella, de pentágono y de círculos entrelazados, y las cubrió con bóvedas de crucería y arcos apuntados citados del gótico: un arcaísmo deliberado que sus clientes monásticos leyeron como fidelidad a sus fundaciones medievales y que la crítica posterior llamó gótico barroco. Trabajó sin pausa veinte años y murió a los cuarenta y seis.