Calatrava se formó dos veces: primero en arquitectura en la Politécnica de Valencia, después en ingeniería civil en la ETH de Zúrich, con una tesis doctoral de 1981 sobre el plegado de estructuras espaciales tridimensionales. Abrió su propio estudio en Zúrich ese mismo año, trabajando primero en pequeños puentes y estaciones para los ferrocarriles suizos, antes de que el puente de Bac de Roda en Barcelona (1984-87) fijara su firma: pilonos únicos e inclinados, tirantes de cable, la estructura desnuda como ornamento. Sus obras posteriores han perseguido el mismo argumento en hormigón blanco y acero: cáscaras nervadas que se leen como esqueléticas u orgánicas, cubiertas que se abren como alas. Desde la década de 2010 varios de sus mayores encargos han recibido críticas sostenidas por sobrecostes, retrasos y litigios de mantenimiento estructural —el Oculus y el Puente de las Cuerdas en Jerusalén entre ellos—, críticas que atañen a la ingeniería y al gasto público, no a su conducta personal.