
El director del Whitney, Lloyd Goodrich, quería un edificio que pareciera un museo y no un monumento a su arquitecto, y eligió un solar difícil, trapezoidal, en la esquina de Madison Avenue con la calle 75, en parte para que el diseño fuera honesto con sus condicionantes. Breuer respondió invirtiendo la lógica de retranqueo escalonado que la normativa urbanística solía imponer a los edificios neoyorquinos: en vez de retranquearse al subir, la masa de granito avanza, en voladizo creciente sobre la acera en cada planta, de modo que la coronación del edificio sobresale unos cuatro metros más allá de su propia puerta, una idea que Breuer había ensayado antes, a escala mucho menor, en su mobiliario. Las ventanas trapezoidales en forma de "ojo", cortadas en ángulos irregulares y no a escuadra, funcionan tanto de lucernarios como de ventanas, arrojando luz natural sobre los muros de las salas sin dejar que el sol directo incida en las obras. Un foso con pasarela separa el edificio de la calle a nivel del suelo, un gesto defensivo poco habitual en un museo público que, visto con perspectiva, refleja las dudas de la junta ante todo el proyecto: antes de construirse, varios patronos habían presionado para rechazar de plano el diseño de Breuer.

Wikidata Q105724647 · Commons: File:Breuer2.jpg · Foto: Glenda Altarejos · Licencia: CC BY-SA 4.0