Hijo de un ebanista de Liubliana, Plečnik fue distinguido por Otto Wagner en Viena, donde construyó la Zacherlhaus antes de la Primera Guerra Mundial. Trabajó después en tres ciudades sucesivas: Praga, donde Masaryk le encomendó la reforma del castillo para la nueva república, y Liubliana, que rediseñó casi en solitario con puentes, malecones, un mercado, un cementerio y una biblioteca. Rechazó la etiqueta que el siglo le ofrecía. Formado dentro de la Secesión, conservó la columna, el arquitrabe y el eje, pero los manejó con tal libertad —un orden dórico en ladrillo crudo, un frontón sostenido por tambores de piedra apilados— que el resultado no se lee ni como historicismo ni como modernidad. La comparación con Gaudí en Barcelona es habitual y aproximadamente justa.