
Salk dio a Kahn dos instrucciones: laboratorios que pudieran rehacerse sin detener la investigación, y un lugar al que no le diera reparo invitar a Picasso. A lo primero respondió colocando sobre cada laboratorio un piso entero de vigas por el que rehacer conductos e instalaciones sin tocar las mesas de trabajo, y sacando los despachos de los laboratorios a torres de estudio independientes, giradas cuarenta y cinco grados para que su ventana enmarcada en teca mire al Pacífico. A lo segundo respondió con el patio entre los dos bloques. Iba a ser un jardín hasta que Luis Barragán, llamado como asesor, le dijo que no plantara nada: aquello debía ser una plaza, una fachada al cielo. Lo que hay es travertino, un solo canal estrecho de agua corriendo hacia el oeste y el horizonte. El hormigón se vertió con ceniza volcánica y se dejó tal como lo soltó el encofrado, con los agujeros de los tirantes y las marcas de las tablas. El AIA le dio en 1992 su Premio de los Veinticinco Años.

Wikidata Q128635401 · Commons: File:Louis Kahn's Salk Institute - 3040455466.jpg · Foto: Jason Taellious · Licencia: CC BY-SA 2.0