
A Moneo se le encargó el proyecto en 1979 y lo construyó entre 1980 y 1986 sobre un solar que resultó contener buena parte de la Mérida romana, con una calzada y varias casas. En lugar de despejar los restos o de flotar sobre ellos, dispuso una serie de muros paralelos de ladrillo atravesando la excavación, siguiendo la trama romana, y dejó la arqueología en una cripta justo debajo. Arriba, esos mismos muros se abren con altos arcos de medio punto, de modo que el visitante recorre una nave con naves laterales y luz cenital: una lógica constructiva romana, no un estilo romano, porque no hay órdenes, ni cornisas, ni imitación. El ladrillo es de formato romano, muy delgado y tendido casi sin junta, lo que da al interior su condición rayada, seca, de cantera. El edificio se leyó como el momento en que la arquitectura española volvió a la atención internacional tras el franquismo, y Moneo lo dedicó a su padre, fallecido durante las obras.
Wikidata Q3330685 · Commons: File:Museo Nacional de Arte Romano 2019An002.jpg · Foto: Anual · Licencia: CC BY-SA 4.0