
La Kimbell Art Foundation contrató a Kahn en octubre de 1966 con un encargo poco habitual: proyectar a partir de la luz natural, no de una planta. Él respondió con dieciséis bóvedas cicloidales paralelas, cada una un arco de hormigón poco profundo de algo más de treinta metros de largo, apoyado en esbeltos pilares revestidos de travertino en cuatro puntos, de modo que los muros bajo ellas no cargan nada y pueden abrirse libremente a los patios de entrada de cada extremo. Un lucernario estrecho recorre la cumbrera de cada bóveda; en vez de dejar que el sol incida directamente sobre las salas, Kahn colgó bajo la ranura un reflector de aluminio perforado, con sección de ala de avión, de modo que la luz que finalmente llega al techo de hormigón pulido ya se ha dispersado dos veces. El efecto cambia con la hora y el clima exterior, y el museo lo ha mantenido libre de conductos de climatización, que discurren en cambio por los estrechos huecos entre bóvedas. Kahn murió en 1974, dos años después de la inauguración, sin ver lo que la crítica diría de ella: el Premio de los Veinticinco Años del AIA llegó en 1998, y el crítico Robert Campbell la llamó el mejor edificio estadounidense de la segunda mitad del siglo veinte. Cuando el museo necesitó más espacio, en 2013, construyó un pabellón completamente independiente de Renzo Piano al otro lado del césped en vez de tocar el original de Kahn.

Wikidata Q1741629 · Commons: File:Kimbell Art Museum Highsmith.jpg · Foto: Carol M. Highsmith · Licencia: PD