
Las obras comenzaron en marzo de 1695 y el templo abrió sus puertas el 1 de mayo de 1709; es lo más grande que llegó a construir Pedro de Arrieta y el enunciado más claro de su manera de transición. El frente no es una fachada en el sentido corriente sino una portada exenta, adelantada respecto al cuerpo del templo como un biombo, con su relieve de chiluca gris recortado contra muros de tezontle rojo oscuro. Cuatro torres octagonales ocupan las esquinas y, como la cúpula, van cubiertas de talavera amarilla con cenefa azul, un esquema leído entonces como la Jerusalén de oro del Apocalipsis. Del interior barroco casi nada queda: la redecoración neoclásica proyectada por Agustín Paz y ejecutada por Manuel Tolsá corrió de 1804 a 1836, interrumpida por la guerra de independencia, y le siguieron campañas en la década de 1890 y hacia 1929.
El santuario se levanta sobre y junto al cerro del Tepeyac, que cronistas españoles e indígenas coinciden en describir como sitio de adoración anterior a la conquista. Bernardino de Sahagún, Juan de Torquemada y, más tarde, Jacinto de la Serna registran que los nahuas siguieron llamando a la fiesta de aquel lugar la de "nuestra madre", tonantzin o totlaçonantzin; el Códice Teotenantzin describe dos imágenes talladas en la roca del cerro, una asociada a Tonantzin y otra a Toci, y Guillermo Dupaix consignó como hallada en el Tepeyac una escultura de Cihuacóatl. Sahagún trató esa continuidad como un problema, no como una coincidencia. El santuario colonial no se erigió, por tanto, sobre terreno vacío: sustituyó un culto preexistente en su propio sitio, y el templo de Arrieta es el tercero y más monumental de los edificios allí levantados bajo el dominio español.
Wikidata Q67772495 · Commons: File:Templo Expiatorio a Cristo Rey (Antigua Basílica de Guadalupe) - Frente.jpg · Foto: Juan Carlos Fonseca Mata · Licencia: CC BY-SA 4.0