Casi nada se sabe de Abu Shakir ibn Abi al-Faraj salvo lo único que importa: su nombre sobrevive unido al mausoleo del Imán al-Dur, en Ad-Dawr, al norte de Samarra, levantado hacia 1085 para un chambelán uqaylí. Ese edificio conserva la cúpula de mocárabes fechada con seguridad más antigua que se conoce, y que un constructor aparezca nombrado en el Irak del siglo XI resulta de por sí excepcional: la inmensa mayoría de la arquitectura medieval iraquí y arábiga nos llega anónima, atribuida a su comitente y no a su autor. No se ha recuperado ninguna segunda obra, ni fechas de nacimiento o muerte, ni biografía alguna. Se le incluye aquí justamente porque la atribución está documentada y no inferida.